La Comisión Europea está negociando nuevas regulaciones que limiten la capacidad de las grandes tecnológicas para realizar vigilancia masiva de los ciudadanos europeos. Las propuestas incluyen restricciones al uso de datos biométricos, límites al perfilado publicitario y la prohibición del reconocimiento facial en espacios públicos.
El debate se intensifica tras revelaciones sobre el uso de datos de ubicación vendidos por brokers de datos y la capacidad de las plataformas para predecir comportamientos, preferencias políticas y estados de salud de los usuarios a partir de sus patrones de uso.
Los defensores de la privacidad aplauden las medidas, mientras que la industria tecnológica advierte del impacto en la innovación y la competitividad. Lo que está claro es que el modelo de negocio basado en la recopilación masiva de datos personales tiene los días contados en Europa.

